Un breve viaje entre las reglamentaciones que regulan la colocación de productos en Italia, Monetize innovación de marca a amigo. Cuando la marca vive de la gente si mientras que mira la publicidad de televisión interrumpe siempre en el más hermoso nuestro programa favorito.

Pero, ¬Ņqu√© sucede si el mensaje publicitario, por otra parte, est√° incluido en el programa que estamos viendo? Ciertamente no cambiamos de canal, pero leemos las marcas, las conectamos a los productos y muchas veces no nos damos cuenta.

Se trata de la colocación de un producto, es decir, la inclusión voluntaria de una marca o producto en una película, un programa de televisión, un vídeo musical o incluso un videojuego con el fin de aumentar su visibilidad.

Esta operaci√≥n tuvo mucho √©xito cuando el objeto que se anuncia est√° vinculado al contexto narrativo tanto que es utilizado ¬ęespont√°neamente¬Ľ por los sujetos que aparecen en el v√≠deo.

En definitiva, los signos publicitarios son f√°cilmente reconocibles pero el contexto no es porque no haya ninguna interrupci√≥n en la narraci√≥n como ocurre con los comerciales cl√°sicos, ni tampoco hay advertencias que precedan a la publicidad y se√Īalen a los espectadores.

Huelga decir que esta pr√°ctica publicitaria, nacida en Estados Unidos y difundida por todo el mundo, ha generado cr√≠ticas a lo largo de los a√Īos. De hecho, se ha equiparado con la publicidad oculta, porque no es inmediatamente reconocible y se considera enga√Īosa porque es capaz de ocultar la verdadera naturaleza del mensaje a los ojos de los espectadores.

A pesar de ello, el emplazamiento del producto se ha utilizado, tambi√©n en Italia, de forma m√°s o menos amplia y sin regulaciones espec√≠ficas. Hasta 1992, cuando el Decreto Legislativo no. 74, aunque no proh√≠be expresamente la colocaci√≥n de productos como tales, lo equipara con la publicidad oculta si coloca un producto entre las escenas de una pel√≠cula con el √ļnico prop√≥sito de propagarlo.

La mera inclusión de productos en las obras, sin publicidad de la marca, sigue siendo posible, pero la actividad interpretativa de los jueces la convierte en ilegal. Sin embargo, no faltan quienes prefieren regular el fenómeno en lugar de prohibirlo.

Esto sucedi√≥ s√≥lo unos a√Īos despu√©s: en 2004, con el Decreto Legislativo N¬ļ 28. Esta √ļltima reintroduce la publicidad indirecta en los productos cinematogr√°ficos en forma de tomas de marca y de producto coherentes con el contexto narrativo, siempre que el producto cinematogr√°fico contenga un anuncio adecuado que indique la participaci√≥n de las empresas productoras de esas marcas y productos en los costes de producci√≥n de la pel√≠cula. Lo importante, por lo tanto, es que los espectadores sean alertados.

No todos los productos pueden incluirse en las películas

Existe una prohibición expresa de colocación de productos para cigarrillos, tabaco y medicamentos, mientras que el alcohol debe tratarse con especial cautela; sin embargo, la legislación sigue siendo incompleta, ya que sólo se refiere al cine, mientras que en el resto del mundo también se permite la colocación de productos en la televisión.

No tiene sentido, de hecho, un doble binario ya que las películas que aparecen en la gran pantalla pueden pasar por la televisión sin preocuparse por las marcas que llevan dentro. El caso es discriminatorio para todas las producciones exclusivamente televisivas, también porque con el tiempo la colocación de productos se convierte en una fuente importante de financiación para las películas.

Por √ļltimo, la comparaci√≥n de los productos cinematogr√°ficos y televisivos s√≥lo se logr√≥ en 2010, con el Decreto Legislativo N¬ļ 44, que regulaba la colocaci√≥n de productos televisivos. Esto √ļltimo s√≥lo est√° permitido en las pel√≠culas y series de televisi√≥n, programas deportivos y programas de entretenimiento ligeros. No est√° permitido en los programas infantiles.

El emplazamiento de productos televisivos debe cumplir también determinadas prohibiciones no debe comprometer la responsabilidad y la independencia editorial de la obra; no debe fomentar directamente la compra de los bienes promocionados; no debe hacer hincapié indebidamente en los productos en cuestión. Permanecer