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Más de la mitad de los que tienen una colección de arte hoy en día habría comprado al menos una obra de un artista descubierto en el Instagram: decir que es una investigación, reportada por Artsy, sobre el impacto de los medios sociales en las artes visuales.

Más allá de las especificidades del sector, números como estos son la metáfora obvia de cómo hacer social media marketing o, más sencillamente, cómo tener una buena estrategia y una buena presencia social es ahora también indispensable para artistas, escritores, intérpretes, pintores, escultores, fotógrafos.

Artsy Sharing, implicación, transparencia  tan fundamental mantra en entornos digitales siguen siendo válidos incluso cuando se trata de utilizar los medios sociales para el arte. Una página de Facebook, una cuenta de Instagram o, en casos como estos, un perfil de Pinterest o Snapchat, en definitiva, se utilizan ante todo para darse a conocer y hacer branding personal, pero no es todo.

Marca personal y el instinto de supervivencia

¿cómo elegir comprar? LinkedIn, de la creación de redes a la creación de marcas personales, la venganza del trabajador social profesional la creación de marcas personales en los medios sociales y celebridades, un caso que hace que la escuela afirme tu identidad con la creación de marcas.

Presencia en los medios sociales se ha convertido ahora en una especie de lienzo “progresado”, como alguien ha señalado, que sirve al artista para hacer circular nuevas ideas entre sus colegas, crear una comunidad de personas con intereses similares y, no menos importante, recibir retroalimentación sobre su propio trabajo o ser capaz de Usar los medios sociales para el arte: ¿una nueva vanguardia? No es casualidad que haya quienes ya hayan comparado el uso de los medios sociales para el arte con una nueva vanguardia.

De movimientos como el futurismo o el surrealismo, la nueva generación de artistas sociales puede que no tenga esa ruptura total y ese filo idiosincrásico con el arte tradicional, pero lo mismo -si no más fuerte- es la convicción de que el momento ha terminado para aquellos que hacen que el arte permanezca en su torre de marfil.

La obra maestra del arte, en otras palabras, ya no es fruto de un genio atormentado: el verdadero arte reside en la contaminación, la convergencia, el intercambio de ideas, el tòpoi, las formas expresivas. Uno de los murales más famosos de Banksy muestra amor en el momento del smartphone.

Con una dimensión rehabilitadora de las plataformas digitales que en este proceso no es otra cosa que indiferente: ya no es un medio de distracción perjudicial para la creatividad y la productividad, de la que los socialistas se convierten en lugares de inspiración para tomar un descanso haciendo desintoxicación digital.

Y son muchos los artistas que a lo largo de los años han hecho sus propias tendencias, temas de discusión, fenómenos que nacen en estas plataformas, el tema de su propia reelaboración artística personal.

Banksy, uno de los escritores callejeros más queridos y comprometidos de la próxima generación, es ciertamente el más conocido entre ellos.

Si pensar en famosos youtubers que han triunfado y han llegado a canales y audiencias más dominantes, partiendo de abajo hacia arriba, desde los medios sociales en particular, es espontáneo, igual de fácil de entender que la ventaja real que ofrecen los medios sociales para el arte es la posibilidad de crear una comunidad.

Hay casos recientes que han hecho de la escuela, como “Después” la exitosa serie de Anna Todd nacida en Wattpad (una comunidad en línea dedicada a los escritores de todas las edades, ed) como fanfiction y llegó en el catálogo Sperling&Kupfer gracias a la presión de muchos lectores apasionados.

Una suerte similar ha sido dejada al escritor y fotógrafo nigeriano Teju Cole, que sólo gracias a Twitter y a su círculo de leales seguidores ha conseguido dar a conocer su primera novela “Open City”, publicada en italiano dos años después de su publicación.