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Millones de mensajes privados son intercambiados diariamente desde cualquier parte del mundo, mensajes en los usuarios expresan opiniones, intereses, relaciones, emociones y en los que, al final del día, la vida cotidiana de cada uno se condensa.

Son precisamente estos mensajes los que, según la acusación hecha en 2013 por dos usuarios, Matthew Campbell y Michael Hurley, serían constantemente monitoreados por Facebook para fines publicitarios y de marketing.

Por este motivo, los dos usuarios habían promovido una acción de clase, acusando al gigante de las redes sociales Facebook de utilizar y analizar los enlaces enviados a través de mensajes privados. Según los demandantes, esto habría resultado en una violación flagrante de la Ley Federal de Interceptación.

Al gigante de Menlo Park, por lo tanto, se le había pedido que pagara daños punitivos superiores a cien dólares por cada día de violación, es decir, las sumas a pagar a los solicitantes hasta que cesara la conducta anti jurídica.

¿Cuál era la política de Facebook al respecto? De hecho, siempre hay que tener en cuenta que, en el momento de registrarse en la plataforma, el usuario contrata el “destino” de la información que se transmitirá en la plataforma ofrecida por Facebook Inc., un contrato cuyas condiciones están contenidas y difundidas en enlaces y documentos informáticos que con demasiada frecuencia se omiten al mismo tiempo.

Pues bien, en relación con el uso de la información intercambiada por los usuarios durante el uso del servicio, se esperaba que “Facebook utilizará la información recibida en relación con los servicios y funciones que se le ofrecen a los usuarios como sus amigos, nuestros socios, los anunciantes que compran anuncios en el sitio y los desarrolladores que crean juegos, aplicaciones y sitios web utilizados por el usuario”.

Además de ayudar a la gente a ver y encontrar las cosas que tu haces y compartes, podemos usar la información que recibimos sobre ti para medir o entender la efectividad de los anuncios que tu u otros muestran y mostrar anuncios relevantes.

Al darnos permiso para usar tu información, (registro y uso compartido) no sólo nos permite ofrecer Facebook tal y como está hoy, sino también desarrollar características y servicios innovadores para el futuro que utilizarán la información que recibamos sobre ti de nuevas maneras.

El uso de la información que recibes de Facebook.

El propietario de esta información siempre serás tú. Tu confianza es muy importante, por eso Facebook no comparte con otros la información que recibes sobre ti mismo, excepto si, has recibido tu autorización; nos has notificado, por ejemplo, en las normas del sitio; o si has eliminado tu nombre y cualquier otra información personal del sitio “.

Una disciplina más bien “humeante” Bueno, ciertamente no se podría decir que este punto del contrato estipulado con Facebook brilló por claridad: la referencia a la “propiedad” de la información, que según el extracto reportado sigue estando en manos del usuario, representa muy poco y esto es porque es obvio que el sujeto no está interesado en la protección de la propiedad de los datos, sino en su uso.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que muy a menudo se trata de situaciones jurídicas subjetivas que la ley considera como derechos de la personalidad y, como tales, no susceptibles de convertirse en objeto de “transferencia”.Está claro, que nadie podría “vender” su propio nombre, pero que como mucho permite (o no permite) el uso de éste por un tercero.