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Después de encontrar diferentes aplicaciones en el mundo empresarial y de consumo, la gamificación está comenzando a extenderse a la sostenibilidad ambiental.

 

 Ya ha encontrado diferentes áreas de aplicación y ahora empieza a extenderse también a la sostenibilidad medioambiental, para aumentar la recogida selectiva de residuos, empujar a tirar los residuos en contenedores especiales, la eficiencia energética y reducir el consumo de electricidad, reducir el uso de los coches privados, ahorrar agua, para resumir a un estilo de vida más saludable.

 Sustituir el método coercitivo y el temor a una multa por la gamificación

Es una estrategia ganadora, porque logra inducir a los ciudadanos a tomar decisiones más razonables en diferentes circunstancias críticas de convivencia civil.

En otras palabras, tratamos de diseñar las opciones de los ciudadanos induciendo “buenas” motivaciones. La ecogamificación es capaz de aplicar los atractivos mecanismos del juego, tanto tradicionales como digitales, al desarrollo sostenible.

El truco está en realzar el gusto por el desafío, la mejora de la puntuación, la victoria y el premio. Y que la estrategia es una estrategia ganadora y  se demuestra con algunos ejemplos, París ha revolucionado el transporte urbano gracias a un programa que premia las rutas ciclistas; Filadelfia ha incrementado la participación ciudadana en la recogida selectiva al 90%, gracias a un sistema de premios basado en el peso de los residuos destinados al reciclaje; Estocolmo, con el concurso la teoría de la diversión, ha instalado una escala musical a la salida del metro, que juega una nota diferente al presionar cada paso la estrategia de gamificación ya se aplica en la educación de los niños.

Pero es bien sabido que los adultos también se divierten jugando, por lo que la única duda podría ser sobre la demostración de un consumo reducido o de rutas verdes.

Es aquí donde los algoritmos entran en el discurso. Casi todas nuestras acciones se están registrando ahora y aún más en el futuro”, señala Ron Dembo, el gurú de ZeroFootprint, que ha desarrollado los algoritmos de gestión de riesgos más comunes y los aplica al cálculo de la huella ecológica.

Dembo quiere unificar todos los puntos de recogida del planeta en términos medioambientales y ver el efecto que produce, como por ejemplo decir “millas aéreas a cambio de eficiencia energética” Bastaría con convencer a todas las empresas del mundo, que ya tienen un programa de fidelización, para pedir a sus clientes que demuestren un comportamiento virtuoso a cambio de puntos”.

Muchos objetos software utilizados en nuestra vida cotidiana pueden conectarse directamente con las redes sociales desde el contador de pasos hasta el contador de electricidad del hogar, por lo que nuestra privacidad ya se ha perdido, tan valioso es utilizar los datos para mejorar nuestros hábitos y la sostenibilidad medioambiental.