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En un país donde el 60% de las personas, incluso más de 50 años, es capaz de utilizar aplicaciones de mensajería instantánea parece anacrónico escuchar sobre la ineficiencia tecnológica de las empresas. Como si estuviéramos participando en Masterchef Italia, pero no había ollas, sartenes entre otras. Sin embargo, surge de un estudio realizado por Deloitte, una empresa que se ocupa de la gestión de riesgos, auditoría, consultoría y similares, y Google, titulado “Colaboración digital.

Entregar innovación, productividad y felicidad, que puso de relieve esta tal vez inesperada discrepancia entre la capacidad de las personas y los empleados para manejar las nuevas tecnologías, especialmente herramientas como las redes sociales o los teléfonos inteligentes y derivados, y la disposición de las empresas para responder adecuadamente a esta tendencia hacia la innovación.

El estudio se llevó a cabo sobre una muestra de 3.600 empleados de empresas alemanas, francesas, holandesas,  suecas, italianas y británicas. Seis naciones a los ojos del espectador y, sorprendentemente, la nuestra no es la que pasa peor. El 36% de la media total de estos países implicados tiene acceso a las herramientas y servicios de videoconferencia, frente al 47% de los empleados italianos.

El promedio total de los 5 países restantes tiene el 33% de las herramientas de intercambio de documentos con colegas o herramientas de edición, frente al 38% en Italia. Sólo en lo que se refiere al uso de las redes sociales, Italia se queda rezagada con un 18% frente al 21% y el 25% de Suecia y los Países Bajos.

Google y Deloitte proponen un estudio que destaca cómo las empresas necesitan actualizarse en términos de innovación tecnológica para sus trabajadores.

Dos elementos contribuyen a hacer insatisfactorio el entorno de trabajo desde un punto de vista tecnológico: por un lado, la experiencia de diez años de los entrevistados con dispositivos de nueva generación y sus sistemas de uso, que los proyecta a una dimensión en la que estos soportes no son de importancia secundaria; por otro lado, la ausencia de herramientas y políticas empresariales adaptadas a sus necesidades como usuarios de Internet y miembros de la comunidad digital.

Los empleados italianos en particular se quejan de la presencia de políticas corporativas que se están quedando rezagadas o son demasiado restrictivas hacia nuevos sistemas de interacción y distribución de documentos. Además, los trabajadores  campesinos, que pretenden utilizar las redes sociales en un 50%, incluyendo más de 50 años, destacan la importancia de compartir y confrontar y cómo estas herramientas lo garantizan mientras que los alemanes, de los cuales sólo el 34% utilizan las redes sociales, reaccionan con menos entusiasmo ante la influencia positiva que estos canales pueden tener en la colaboración laboral.

El 40% de los encuestados, que recibieron respuestas negativas de la empresa con respecto a la demanda de nuevas herramientas, afirmaron que las elegidas por cuenta propia son más avanzadas y eficientes, mientras que el 34% cree simplemente que pueden beneficiarse más de ellas. El hecho es que, aparte de las medidas de reacción adoptadas por los trabajadores de estos seis países, las empresas no pueden ignorar esta ola de innovación que está dispuesta a trascender las fronteras geográficas y, sobre todo, los límites del trabajo estático y obsoleto, que no es coherente con el movimiento directo hacia los nuevos sistemas de interacción y reparto de nuestros trabajadores.