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La palabra marketing es, posiblemente, una de las más conocidas y coincidentemente, una de las palabras cuyo significado más engaña a la sociedad.

Esta es ya parte del vocabulario corriente de la población, siendo incluso utilizada en las más banales conversaciones siendo el marketing frecuentemente descontextualizado. Desde siempre que el marketing ha sido encarado por muchos como:

  1. Una incertidumbre, especie de tabú que las grandes empresas utilizan para engañar a los consumidores y, sólo lo hacen porque tienen mucho dinero para gastar;
  2. Un completo desperdicio de dinero. Una idiota compuesta sólo por anuncios ridículos;
  3. La fórmula milagrosa capaz de curar cualquier mal que afecte el negocio en cuestión de días.

La verdad es que el marketing no es, ni nunca fue nada de esto. Claro que hay empresas que lo usan para engañar a los consumidores (mal marketing), que se crean pésimos anuncios, y en raras excepciones, un boost gigante e increíble para la empresa. Pero estos son casos aislados.

Hoy, con la expansión del universo digital, asistimos al fenómeno de la fiebre del marketing digital. Empresas y empresarios, figuras públicas y adolescentes, todos ellos tienen acceso a las maravillosas herramientas de marketing digital.

Las barreras de entrada en cualquier negocio, parecen haber casi desaparecido. E-commerce es una solución para todos los problemas relacionados con los canales de distribución, y Facebook es la forma en que se comunica.

No lo digo con el propósito de aburrir a nadie, pero la verdad es que con la introducción del mundo digital en el día a día de las empresas, palabras como marketing, target, concepto y comunicación acaban por ser arrojadas al aire mientras un grupo de patetas miran para ellas e intentan adivinar dónde van a aterrizar.

Cuando no se sabe cómo se hace se inventa, o bien, se contrata un pasante para tratar de TODO y correr mal, otro seguirá su camino. ¿No era más fácil y lucrativo contratar a alguien que sepa? ¿O hablar con empresas especializadas en el área?

Sí es verdad que el digital representa una oportunidad para todos o casi todos los negocios. También es cierto que la inversión necesaria es considerablemente inferior en comparación con los medios tradicionales de comunicación. Pero estas verdades sólo se hacen posibles cuando se sabe efectivamente lo que se está haciendo.

Cuando encontramos un artículo donde dice que la empresa X alcanzó el éxito a través de Internet, no piensan que fue suerte. Hay un trabajo largo detrás de ese éxito. Hay investigación, planificación, pruebas y más investigación.

El proceso se repite hasta que se logra alcanzar el objetivo. No es instantánea, ni se hace a las oscuras. La mejor explicación sobre lo que es el marketing que he escuchado, me fue dada por una profesora en mi primer año de universidad. Una forma increíblemente simple de explicar un tema complejo.

“La comercialización es enganche”.

Tenemos que saber aparecer donde esta persona está, tenemos que saber mantener una conversación interesante y tenemos que conseguir mostrar lo que valemos y por qué merecemos ir a casa con esa persona. Podemos buscar en bares, en las calles, en los autobuses, por teléfono, redes sociales o incluso por el Tinder.

En cualquiera de estos lugares existe la posibilidad de lograrlo. Tenemos que saber estar, de lo contrario, más vale ni aparecer. Por lo tanto, de la misma forma que piensan o piden ayuda a un amigo antes de exponerse al rechazo, investigar, planificar y probar. Si no lo saben hacer hablar con alguien que sepa. Cuando se trata de “enganchar a los consumidores, una imagen mal construida puede poner fin a la relación antes del primer Hola.