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Valora las relaciones y da voz a tu marca, tiene el mismo propósito que cualquier otra forma de marketing no convencional y es llegar al consumidor donde no espera recibir mensajes publicitarios o promocionales y aprovechar el efecto sorpresa para ganar su resistencia normal a este tipo de comunicación.

El marketing medioambiental

Sin embargo, lo hace con un objetivo adicional, el de la publicidad externa, con lo que en jerga nos referimos a la oportunidad sin precedentes de cumplir con su objetivo fuera de los marcos más tradicionales a los que la comunicación publicitaria se ve relegada habitualmente.

¿Demasiadas voces apiñándose? Como también han demostrado las últimas cifras de Nielsen en el mercado publicitario, de hecho, contrariamente a lo que se podría pensar, las inversiones en publicidad siguen siendo muy fuertes y, desde los pasajes televisivos hasta las campañas sociales, el gran obstáculo al que se enfrenta cada marca es la aglomeración de voces y la dificultad de hacerse sentir, sobre todo si se considera un umbral de atención siempre menor por parte de los destinatarios.

Jugar con lo inesperado y sorprendente, proponiendo un mensaje único, creativo y memorable, del que están dispuesto a convertirte en embajador es, pues, el propósito principal de cualquier forma de marketing convencional. El marketing ambiental se realiza descendiendo a las plazas, estaciones, paradas de autobús o metro, en los grandes centros comerciales y aprovechando la propia conformación de los espacios públicos que apropia, temporalmente destinados, para transmitir un mensaje directo y contextualizado. Se trata de crear interés, curiosidad y satisfacción en sus públicos objetivo que, en un esfuerzo lógico, se convierte en una aproximación espontánea a la marca o producto y, por último, pero no por ello menos importante, hacer que cualquier persona viva una experiencia memorable.

Como sucede a menudo cuando se habla de marketing y comunicación, de hecho los límites, las etiquetas son débiles y el marketing ambiental es mucho más similar de lo que se podría pensar del marketing experimental. Un componente sorpresa separado, en ambos casos el objetivo final es reunir a los clientes potenciales y a las marcas, permitiendo a los primeros vivir una experiencia única y atractiva, capaz de transmitir los valores de la empresa en su mejor momento y de transformarse en una memoria (mejor si es positiva) de la marca. Incluso aunque hubiera el mínimo espacio de tiempo de espera de un autobús, pasando por la plaza, la cola en la caja, el marketing ambiental, en definitiva, debería responder a ese modelo de sentido, sentir, pensar, actuar y relacionarse con los que comercializan la experiencia.

Involucrarse en una experiencia sensorial y emocional,

que conduzca a la reflexión o al uso de las propias habilidades de resolución de problemas y que requiera una necesidad operativa de hacer o interactuar con algo es, en otras palabras, el aspecto que transforma las simples operaciones de marketing ambiental en experiencias reales de marca.

Ubicación, contenido, valores corporativos Incluso las campañas de marketing medioambiental están cada vez más enfocadas y pensadas en detalle. Empezando por la elección del lugar, por supuesto. Plazas, estaciones, calles céntricas, paradas de metro o autobús son, como se mencionó anteriormente, los lugares preferidos para operaciones como éstas por su alta frecuencia y donde es fácil señalar grandes números.